Logista presenta, según los datos del informe, una capacidad de convertir beneficios en flujo de caja libre (FCL) que se sitúa muy por encima de las referencias habituales del sector logístico europeo, y esa diferencia abre un debate incómodo: si el mercado está capturando toda la calidad de esa caja en los múltiplos a los que valora la compañía.
La evidencia cuantitativa arranca con un salto que no admite lectura tibia. El FCL estimado para 2025 asciende a 483 millones de euros frente a 225 millones en 2024, un incremento interanual del 114%. El mensaje aquí no es solo el crecimiento, sino el hecho de que la variable “caja” —la que termina pagando dividendos, reduce deuda o financia decisiones— es la que acelera.
El segundo dato es el que convierte el movimiento en diferencial estructural dentro del marco del informe: la conversión FCL/EBITDA se sitúa alrededor del 125%. La referencia sectorial utilizada en el análisis se mueve en el 30–40% (marco comparativo citado en el propio informe). La brecha es enorme: unos +85 puntos porcentuales de prima de conversión. En términos prácticos, esto significa que por cada euro de EBITDA, la caja libre generada sería mayor que la que mostraría un operador logístico “típico” bajo ese rango de comparación.
Esta fortaleza de caja se conecta con una tercera métrica clave: el ratio de reparto. El informe señala un payout del 99% y lo califica como sostenible precisamente por la superior generación de flujo de caja, frente a un sector con payouts por debajo del 50% según la referencia utilizada. La lectura es directa: cuando la caja acompaña, el reparto deja de parecer una promesa arriesgada y pasa a ser una consecuencia del modelo operativo descrito.
El punto crítico llega al cruzar estos datos con valoración. El análisis sitúa el múltiplo EV/FCL en torno a 8,3 veces, mientras que el múltiplo sectorial de referencia mencionado es 11,7 veces (EV/EBITDA). Son métricas distintas, pero el contraste sirve para ilustrar lo esencial: la compañía muestra, en el marco del informe, una calidad de caja que se sale del patrón, mientras que la valoración no refleja un “premio” evidente por esa característica.
¿Por qué sucede? El informe apunta a factores que no suelen encajar en la etiqueta de “distribución genérica”. La superior conversión de flujo de caja se atribuye a un componente estructural del modelo: la posición en tabaco, donde se indica una cuota del 99% en España, combinada con optimización operativa. Es decir, el diferencial no se presenta como un accidente contable, sino como una consecuencia repetida del funcionamiento del negocio.
A partir de ahí, el propio informe plantea un escenario de convergencia: si el mercado reconociera de forma más completa esa calidad diferencial del FCL, los múltiplos podrían converger entre un 15% y un 20% hacia comparables. La estimación asigna una probabilidad alta de materialización (80%) en un horizonte de 6 a 12 meses. Esto no es una recomendación ni una certeza, sino la forma en que el análisis traduce el “gap” de calidad de caja en un posible ajuste de valoración si cambian las percepciones del mercado.
Lo más relevante de este insight es que no depende de una sola cifra aislada. El argumento del informe se sostiene sobre una secuencia coherente: crecimiento del FCL (483M vs 225M), conversión FCL/EBITDA (125% vs 30–40%), capacidad de payout (99% vs <50%) y un múltiplo que, según el propio análisis, no captura plenamente esa diferencia (EV/FCL ~8,3x frente a referencias de mercado). Cuando varias métricas apuntan en la misma dirección, la discusión deja de ser narrativa y se convierte en lectura operativa: qué está generando la caja, cómo se compara con el sector y por qué eso puede importar en valoración.